La idiosincrasia uruguaya ¿cómo somos?
- Sandra Garín
- 20 may 2025
- 3 Min. de lectura
«El as del triunfo eran las relaciones personales del abogado, y en ellas radicaba el valor principal de la defensa de K. ... Solamente las relaciones personales honradas con funcionarios importantes -adquiridas evidentemente en los grados inferiores- podían tener verdadero valor; eran las únicas que influían en la evolución del proceso»
En El Proceso, Franz Kafka describe un sistema de justicia que es una verdadera pesadilla, caracterizado, entre otras cosas, por su corrupción, donde nadie puede llegar a entender qué sucede en realidad con su asunto, solamente aquellos con contactos personales pueden llegar a saber algo y ayudar al pobre K…, que va y viene entre abogados, funcionarios, el retratista de jueces, etc. En su caso, incluso podía hacer más por su proceso el retratista de jueces que tenía contactos personales que abogados bien formados.
La realidad nos bombardea constantemente con noticias de países donde las oficinas públicas verdaderamente funcionan así, donde es relevante tener contactos personales en las oficinas para ser escuchados. Sin ir más lejos, en un congreso al que asistí hace relativamente poco, un profesor universitario disertó sobre el recurso de casación en su país, un país de Latinoamérica, y dijo que para acceder a una casación había que contratar a ciertos abogados que eran a los únicos a los que escuchaba la Suprema Corte de Justicia.
Cuando uno quiere hacer negocios en un país, es fundamental conocer cómo es la sociedad en la que se proyecta establecer, cómo funcionan los reguladores y el sistema de justicia.
¿Conviene que mis asesores sean buenos técnicamente o que hayan cultivado relaciones de tipo personal con reguladores y jueces para ser favorecidos?
En este artículo me propongo dar un panorama de cómo funcionan las oficinas reguladoras y de justicia en nuestro país.
No es secreto que en Uruguay somos pocos, todos nos conocemos; además, si trabajamos en las mismas áreas no es poco frecuente que nos encontremos en distintos eventos. Por otra parte, el Estado uruguayo es uno de los empleadores de profesionales más importantes, por lo que tampoco falta la existencia de determinados amigos, familiares, compañeros de universidad entre funcionarios y jueces. Pero ¿qué peso tienen verdaderamente esos vínculos en la decisión de los asuntos de nuestros clientes?
En el país donde yo me recibí y ejerzo mi profesión, el mayor activo de un profesional es su calidad técnica y su reputación, esto es, la seriedad y el respeto con el que se haya conducido en su vida profesional y en su trato con colegas, clientes y funcionarios.
Nadie niega el conocido valor del «capital social» cuando uno quiere conseguir socios, puestos de trabajo, etc. Pero, por el momento, ese «capital social» no es un factor importante para que un funcionario atienda un asunto mejor que otro.
Y esto no lo afirmo a la ligera. Soy un ejemplo de ello.
En uno de los casos más relevantes que he tenido, logré que un regulador cambiara su posición en vía administrativa mediante un fundado escrito de evacuación de vista; escrito en el que no aparecía mi nombre ni el de ningún abogado. En este escrito no es obligatoria la asistencia letrada entonces lo firmó solamente el cliente. El regulador atendió a los argumentos y dejó sin efecto la resolución proyectada que era nefasta para mi cliente; le haría perder una inversión de varios millones de dólares.
En otro caso, mi cliente tenía una opinión legal de una firma legal que le impedía acceder a una autorización hasta tanto no tramitara una licencia específica. El estudio jurídico, bastante conocido de plaza, hizo una opinión legal con poco fundamento, faltaba estudio técnico, lo único que había era marca. Yo estudié el tema y llegué a una conclusión diferente, hice una opinión muy bien fundada y mi cliente obtuvo la autorización. No había más marca que mi nombre (reflejo de mi trayectoria profesional hasta ahora) y un bien fundado estudio técnico.
Siempre que me toca hablar de Uruguay hacía afuera mi principal orgullo es este. No seremos un país muy barato (somos carísimos), no tendremos el mayor número de usuarios (somos pocos), pero podemos brindar una plataforma de seguridad jurídica y ética que nos distingue, nos diferencia y es un gran valor agregado en la región.
Cualquier profesional que ofrezca sus servicios poniendo como diferencial sus asados de domingo con reguladores, no está ofreciendo un verdadero diferencial, porque en Uruguay eso no tiene más peso que un buen estudio técnico. Bueno, o por lo menos hasta ahora no lo tenía. Quiero creer que eso no va a cambiar.
¿Qué nos diferenciará si esto cambia?




